Había una vez una hermosa joven cuyo nombre era Isabela, ella
había tenido la fortuna de haber nacido y crecido en la gran cultura de las
vegas ubicada en la provincia de Santa Elena.
Un día, Isabela mientras daba su paseo matutino por los
sembríos alcanzó a visualizar un muchacho a lo lejos que intentaba alcanzar una
rama peculiar en un árbol; a ella le llamó tanto la atención porque él
demostraba firmeza para alcanzar su objetivo. Entonces decidió acercarse poco a
poco tratando de no hacer ruido para que el apuesto joven no perdiera su
concentración.
Cuando Isabella estuvo lo bastante cerca, le preguntó: “¿Por
qué quieres alcanzar esa rama?”
Él sin dirigirle la mirada le dijo: “necesito esta rama para
hacer los surcos en la tierra y que los sembríos puedan producir buenos frutos”
Ella se interesó aún más e intentó ayudarle; saltaron,
treparon hasta lograr bajar aquella rama. Cuando lograron su objetivo ambos
sonrieron con mucha satisfacción.
Es allí cuando ella tomó la iniciativa y le dijo: “mucho
gusto mi nombre es Isabela”; y él muy cortésmente le respondió: “hola, mi
nombre es José; muchas gracias por tu ayuda”
Desde entonces ellos fueron buenos amigos, con el tiempo
crecieron y aquella amistad se convirtió en amor.
Lo que nadie se imaginaba es que la cultura las vegas estaba
pasando fuertes crisis, pues en el aire se sentía que su tiempo estaba por
terminar y que pronto vendría la presencia de una nueva cultura.
Isabela y José prometieron quererse sin importar el tiempo;
ellos eran muy jóvenes cuando la muerte llegó a sus vidas, pero a pesar de
ello, aún después de muertos sus osamentas siguen juntas porque ni la muerte
los pudo separar.
Actualmente los podemos observarlos en el museo que lleva su
mismo nombre “los amantes de Sumpa”.
Datos interesantes
Es una evidencia arqueológica recolectada desde 1961, cuando
se encontraron vestigios de la cultura Las vegas.
Este hallazgo es considerado un entierro muy especial, puesto
que, está formado por dos osamentas de una pareja de jóvenes (hombre y mujer)
aproximadamente de 20 a 25 años de edad tiernamente abrazados, cuyo valor que se
puede extraer de este arte es el poder del amor.
¿Cómo lucen?
La osamenta luce de la siguiente forma:
·
El
hombre con su mano derecha sobre la cintura de su compañera y con la pierna
derecha encima de ella.
·
La
mujer se encuentra en una posición flexionada con uno de los brazos sobre
su cabeza.
·
Los
dos esqueletos están orientados hacia el este y sobre ellos se colocaron seis
piedras grandes de la misma manera en que aparecen en otros entierros por lo
que podría interpretarse como ofrendas funerarias.
Hoy en día se puede observar esta hermosa osamenta en el
museo que lleva su mismo nombre “Los amantes de Sumpa” situado en la provincia
de Santa Elena.
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