martes, 28 de septiembre de 2021

El sapo escritor

Esta es la historia de un sapo que buscaba pareja para formar una familia. Sus intenciones eran serias. Quería casarse y tener sapitos para quererlos y cuidarlos. Pero, hasta la fecha, no había encontrado a nadie que le correspondiera. 

Él cuidaba su piel, se ponía mascarillas de todo para eliminar las verrugas, atendía las noticias para tener una conversación interesante; sabía de teatro, cine y deportes; había aprendido a tocar la guitarra y a cantar una que otra canción; había memorizado unos cuantos chistes para parecer ameno y gracioso. 

Realmente, tenía muchas cualidades y atributos. Era muy gentil y apuesto. Era educado y se había ilustrado sobre muchos temas interesantes. Aún así, seguía solo. 

Cierto día, mientras salpicaba por la orilla de la charca, sus ojos se posaron en un ranita. Era la ranita más hermosa y verde que había visto en su vida. La ranita leía un libro bajo una enorme hoja que hacía de parasol. 

Sapo que enamoró perdidamente. Decidió observarla escondido detrás de un tronco. Vio que la preciosa ranita leía el libro una y otra vez.




Posaba las páginas con sus deditos pegajosos, se emocionaba, se reía y daba pequeños saltitos de felicidad. 

¡Qué linda imagen! El sapo estaba extasiado. 

Sapito pensó que debía descubrir cuál era aquel libro que tanto entusiasmaba a la pequeña rana. Pensó y pensó cómo lograrlo, y al fin, tuvo una idea. 

Despacito, se acercó al lugar donde la ranita y con mucho cuidado retiró la hoja que la cubría del sol. Obviamente, la ranita empezó a sentir mucho calor. Dejó a un lado sus gafas y su libro y saltó ágilmente hacia la charca para refrescarse. 

Sapo tomó el libro y apenas lo empezó a hojear, una ráfaga de viento lo arrancó de sus manos y se lo llevó volando. Ranita desde el agua, miró con horror cómo su libro hacía piruetas en el aire y se alejaba con el viento hacia el campo abierto. 

Todas las ranas y los sapos saben lo peligroso que es estar en el descampado sin protección de las plantas. Podría aparecer un halcón, una lechuza o un martín pescador y almorzarlos de un bocado. 

-¡Socorro! - gritó la ranita - ¡Mi libro!, ¡alguien salve mi libro!

El sapo, rápido y sin pensarlo dos veces, salió saltando velozmente y logró atrapar el libro con un brinco acrobático. La ranita estaba tan feliz que lo llenó de besos. La rana, entonces, tomó sus cosas y sin decir palabra, se alejó saltando. 

Sapito regresó a la charca el lunes, el martes, el miércoles, el jueves, el viernes y el sábado. Croaba y llamaba a la ranita, pero ella no aparecería. El sapo se estaba enfermando de la tristeza. 

Habían pasado algunos días y el sapito no había vuelto a saber de la ranita. 

Esa noche se le ocurrió escribir un cuento para ella. Escribió una sobre una historia de amor entre un sapo y una rana, y de cómo el sapo la extrañaba cuando la rana no estaba. 

Tomó hojitas de las plantas y, con un palito, escribió un cuento precioso, hizo dibujos que ilustraban su historia y decoró la portada con piedritas de colores. Dejó su cuento a la orilla de la charca, en el mismo lugar donde había visto a ranita por primera vez. Buscó la flor más bonita del lugar y la colocó sobre el libro. 

El domingo temprano, el sapito fue nuevamente a la charca y casi muere de la emoción. 

¡La ranita estaba ahí! Leía emocionada el cuento que sapito había escrito para ella. Desde aquel día, el sapito no dejó de escribir. 

Escribía cuentos para su ranita: historias de amor, de aventuras, de la vida de otros animales; cuentos de brujas y princesas, de hadas y duendes. Escribía poemas y canciones que luego cantaba a la ranita. 

En las noches, cuando hace mucho silencio, se puede escuchar al sapo dando serenatas de amor a la bella ranita.



Cuento inédito 

Rocío Espinosa Almeida


Desafío: Te reto a comprobar si has comprendido la lectura. 

Preguntas interactivas



Nota: 
Cuéntame en los comentarios como te fue en el test. 

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